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Superar los obstáculos: el subconsciente

Monday 7 th December 2015

En este artículo anterior se mencionaban algunas ideas sobre cómo ayudar a superar los obstáculos para poder realizar los cambios en la vida que permiten disfrutar de una mejor salud. Otro de los obstáculos que no se mencionaba en dicho artículo y que querría compartir en el presente artículo, es nuestro subconsciente.
En el subconsciente residen las creencias, las costumbres, y todas los comportamientos automáticos que hemos aprendido principalmente durante nuestra niñez.  Como el Dr. Bruce Lipton explica en sus libros “Biology of Belief” and “The Honeymoon Effect”, el 95% del tiempo nuestro subsconsciente es el responsable de nuestro comportamiento.
Si no consigues seguir una dieta o hacer los cambios que te gustaría en tu vida, puede ser que el subconsciente esté boicoteándote con ideas contrarias a las que persigue tu consciente.
Vamos a explicar con más detalle cómo funciona el subconsciente y cómo superar este obstáculo.
 

El subconsciente en nuestra alimentación

En el subconsciente residen las creencias ancladas desde la infancia sobre nuestra alimentación, las cuales se han adquirido a través de:
  • lo que nuestros padres, maestros y médicos nos explicaron sobre la alimentación;
  • lo que comimos siendo pequeños;
  • lo que vimos comer a nuestros padres y familia próxima;
  • lo que vimos comer a las personas de nuestro entorno: amigos y compañeros de colegio;
  • las ideas que los medios de comunicación (anuncios de la tele principalmente) consiguieron penetrar en nuestro subconsciente;
  • nuestra experiencia sobre cómo nuestro cuerpo reaccionaba frente a determinados alimentos (alergias, intolerancias);
  • las ideas que nuestra religión tiene respecto a la alimentación;
Además, el olor que desprende la comida se dirige directamente a la parte subconsciente de nuestro cerebro, así que el sentido del gusto afecta a nuestras decisiones instintivas.
El subconsciente es también el que decide muchas de las acciones que tomamos respecto a la alimentación sin pensarlo, por ejemplo:
  • la forma de comer: la velocidad a la que comemos, la velocidad a la que masticamos y tragamos;
  • el número de platos, la cantidad de comida;
  • la cantidad de agua u otras bebidas que bebemos durante las comidas (y fuera de ellas);
  • qué hacemos mientras comemos: ver la tele, conversar;
  • permanecemos sentados tranquilamente durante la comida o bien nos levantamos para recoger después de cada plato; preparamos toda la comida de antemano en la mesa o la vamos trayendo a medida que vamos comiendo;
  • incluso lo que compramos! 
  • y una lista sinfín de otras costumbres!
Querría añadir respecto a lo que compramos, que la mayoría de decisiones que tomamos en el supermercado son automáticas. La mayoría de personas compran prácticamente lo mismo durante muchos años. También compramos impulsivamente, es por esta razón que las estrategias de colocación de determinados productos, o la publicidad funcionan tan bien! Los anuncios, ideas repetitivas, se anclan en nuestro subconsciente.
Es curioso ver como nutricionista,, que el 90% del desayuno y comidas de una persona es la misma cada día! Por ejemplo, el desayuno, para una persona estará compuesta de café con leche y croissant cada día, cambiando sólo el tipo de pasta; para otra será zumo de naranja y cereales con leche, cambiando el tipo de zumo o los cereales; para otra será un yogurt con muesli y un té, y cambiará el tipo de té o el tipo de yogurt y el té. 
 

Conflicto consciente-subconsciente

Ciertos mitos clásicos, como por ejemplo el hecho de que se debe tomar leche porque es buena para los huesos, están fuertemente arraigados en nuestro subconsciente desde pequeños.
Cuando de forma consciente entendemos que estos mitos no son ciertos, se crea un conflicto entre nuestras creencias conscientes y subconscientes, lo cual no favorece de ningún modo a nuestra salud física y mental.
Ante este conflicto existen tres soluciones: 
1)volvemos atrás en nuestras creencias conscientes, 
2) tratamos de cambiar el subconsciente para que vaya en la misma dirección que nuestro consciente
3) reducimos el impacto del subconsciente
La primera solución no es posible, ya que una vez nuestra razón ha sido convencida que cuál es la verdad, será difícil de convencerla de que una idea errónea es la correcta. Así que es mejor la segunda opción, cambiar el subconsciente.
La tercera opción es lo que actualmente se conoce como “atención plena” o “mindfulness”. 
 

Cómo cambiar el subconsciente

Las ideas y pensamientos del subconsciente pueden cambiarse cuando se repite numerosas veces un cierto hecho (idea, acción). Al repetir de forma consciente un hecho, finalmente éste queda anclándose en el subconsciente. Es así como todos aprendimos las tablas de multiplicar, o a ir en bicicleta o conducir, o a cantar una canción.
Pero hace falta que el consciente pueda dominar nuestra mente para repetir este tipo de idea o acción, para lo que se necesita una gran fuerza de voluntad, cosa que no siempre es fácil. 
Otra forma más fácil es imaginar mentalmente numerosas veces que se realiza esta nueva acción que se quiere incorporar en el subconsciente, utilizando meditación y/o visualización. Existen numerosas terapias que proponen una forma más directa y fácil de “reprogramar” o cambiar el subconsciente, entre ellas se puede destacar la hipnosis, PSYCH-K y EFT. 
 

Mindfulness

Mindfulness pretende que nuestros actos y decisiones sean realizados de forma consciente, de forma que se intenta evitar reaccionar de forma impulsiva e irracional. Se trata de controlar la mente para que siga los deseos del consciente.
Practicando la meditación consciente o rezando se va a mejorar substancialmente el dominio de nuestra conducta, pero hasta cierto límite, ya que los hombres por naturaleza actúan de forma instintiva el 95% del tiempo.
 

Comer conscientemente

A continuación se dan unas indicaciones de cómo practicar mindfulness cuando se come. La intención es conseguir comer los alimentos saludables y resistir los impulsos que crea el subconsciente para comer azúcares, alcohol, chocolate, etc.
Comer conscientemente significa comer estando presente, tomando decisiones de forma racional. Significa hacer las elecciones adecuadas antes de comer, y pensar en lo que estamos comiendo y no en preocupaciones, noticias, discusiones, etc. También significa escuchar al cuerpo para identificar qué es lo que realmente necesita.
Para empezar, es necesario relajarse antes de comer. Desconectar con el entorno: el trabajo, las noticias de la televisión, teléfono, amigos, compañeros o familia. Durante unos días, comer solo, en un estado de casi meditación, lo que se llama conscious eating. Para ello:
  1.  Realizar unos ejercicios de respiración antes de comer para relajarse. Se puede hacer incluso un poquito de meditación.
  2.  Centrarse en las sensaciones del cuerpo antes, durante y después de la comida. Hacerse las siguientes preguntas:
    • ¿Tengo realmente hambre? Analizar si realmente el estómago está moviéndose y haciendo “ruiditos” indicando que tiene hambre, o si simplemente, vamos a comer porque es la hora.
    • ¿De qué tengo hambre? ¿Qué alimentos me apetecen comer? ¿Quizás sólo una ensalada, o un buen plato de carne, o un arroz? ¿Realmente me lo está ordenando el cuerpo o me lo dicen mis ideas preconcebidas?
  3. Una vez se ha identificado que realmente el cuerpo necesita comer, y qué es lo que necesita comer, entonces se procede a prepararlo. Para la mayoría de comida sana no hace falta dedicar mucho tiempo en la cocina. Se puede tener siempre preparado un poco de arroz o alguna legumbre en la nevera, que puede conservarse durante dos o tres días. Para preparar una ensalada, verdura, carne, pescado o huevos se puede hacer bastante rápidamente aunque no se disponga de mucho tiempo.
  4. Cocinar nuestra propia comida abre los sentidos y ayuda a estimular el sistema digestivo. Además, si se hace de forma consciente, y se prepara con amor, teniendo pensamientos positivos, entonces se le añade a la comida la vitamina L (love).
  5. Si se es creyente en alguna religión o simplemente se cree en el poder de la mente, dar gracias por los alimentos que se van a tomar y bendecirlos aumenta todavía más la energía positiva o vitamina L de la comida.
  6. Comer de forma consciente: degustar la comida, concentrarse en el olor, la textura, la presentación (color, forma), el gusto, la temperatura. Masticar lentamente. 
  7. Estar pendiente para notar la sensación de saciedad y dejar de comer en ese momento. Si queda comida todavía, guardarla en la nevera, no hace falta acabarse todo el plato.
  8. De nuevo, dar gracias por los alimentos que se ha tomado. Visualizar cómo los alimentos se digieren correctamente hasta sus partes elementales (imaginar unas tijeras, por ejemplo, que van cortando los alimentos hasta llegar a trocitos microscópicos), y cómo éstos después se distribuyen por todo el cuerpo transportados por la sangre y alimentan todas las células de nuestro organismo.
  9. Después de comer, estar pendientes de cómo le ha sentado al cuerpo: ¿empiezan a haber gases, mucho ruido en la barriga o dolor, o bien, hay una sensación de satisfacción y de energía renovada? Estar alerta de todos los posibles síntomas (dolores en cualquier parte del cuerpo, reacciones inmunitarias, corazón, etc), tanto inmediatamente como unas horas después. En el caso de que se presente algún síntoma en algún momento anotar todo lo que se ha tomado las 48 horas anteriores.
Se debería realizar este ejercicio durante un cierto tiempo hasta que uno sea capaz de comer de forma consciente sin necesidad de tanta concentración, estando en compañía de otras personas.

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